Niños, toros e intelectuales

Niños, toros e intelectuales (1)MERCEDES GENTIL._¿Las corridas de toros son perjudiciales para los menores? Seguro que los que ostentan una respuesta afirmativa no conocen el estudio realizado hace algunos años por Javier Urra, Defensor del menor, en el que se llegó a la conclusión de que las corridas no influyen negativamente en la personalidad del menor así como tampoco envilecen ni aumentan su agresividad. A las pruebas me remito si digo que cada año, centenares de niños envían dibujos taurinos, desde España y el extranjero, a peñas como la madrileña “Los Areneros” o la de palos de la Frontera “José Doblado”, y participan en las magistrales clases de toreo de salón al aire libre como las realizadas en Madrid, Valladolid y Salamanca.

Cabe mencionar que en la considerada Biblia taurina, el doctor y psicólogo Fernando Claramunt dedica una sección al análisis de los niños y la influencia de las corridas de toros en ellos, mostrando dibujos y redacciones literarias de jóvenes de unos 15 años y ratificando la sana relación que existe entre la juventud y el arte taurino.
Prohibir el contacto de los niños españoles y de los países iberoamericanos con la Tauromaquia resulta dañino para conservar las denominadas señas de identidad. Esas señas por las que, ya en el siglo XX, intelectuales como Unamuno y Ortega y Gasset lucharon por dar continuidad. Ni uno ni otro marcharon a impregnarse de la cultura germana y llevaron sus raíces a lo más alto, consiguiendo con los textos unamunianos que frases como “no me sale de ahí” o “no me da la real gana” se desprendieran de su connotación vulgar y no desaparecer haciendo que la identidad corriera la misma suerte.
La prohibición de la Tauromaquia entre los más pequeños puede influir negativamente en el desarrollo de la personalidad. Como bien dejara claro Rousseau en su archiconocida obra El Emilio, el niño tiene que aprender conforme a la naturaleza a través del ensayo y el error; debe ser él mismo el que decida lo que le agrada o le repulsa mediante su contacto directo con lo que la naturaleza le ofrezca, para ello, deben estar en el seno de una familia democrática no influenciada por políticos ignorantes e intolerantes. Si los niños no pueden acceder a la tradición y cultura española ni tienen la oportunidad de entrar en contacto con el arte taurino, parafraseando a Ortega y Gasset, podríamos decir que nos encontraríamos ante una España invertebrada.
Como bien dice, el ya mencionado maestro de la pluma taurómaca, Claramunt “la Tauromaquia es un arte no apto para todos los paladares”, puede que los padres no sean afines al toreo y que los hijos no lo hereden todo de ellos. Hay que dejar a los niños disfrutar de eso de lo que tantos intelectuales, anteriormente citados, han tenido el derecho de conocer y querer.

Artículo publicado en NovilladasSin

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