Taurohistoria: La vaca piñana de Goyoneche

MERCEDES GENTIL._Allá por los años 50 vivía en Esparragosa de Lares (Badajoz) José Sixto Goyoneche Guerrero. Goyoneche era un destacado e ilustre personaje de la época que poseía una ganadería de reses bravas que le daba más renombre e importancia del que ya tenía. Por ella conocido en todos los pueblos de la comarca. Pero una de las sorprendentes ideas de Goyoneche fue vender su ganadería. Decisión que trajo grandes y negativas repercusiones para su persona, prestigio y patrimonio.

La ganadería fue vendida a otro no menos magnate de Jaén. Los siervos del ganadero, mayoral y vaqueros, grandes profesionales, llegaron a la finca de “La Calderuela” situada en la Serena pacense e intentaron llevarse la ganadería pero al llegar a las lindes de la finca una vaca se les volvía. La vaca era piñana bragada y resultaba todo un misterio que no quisiera salir de su finca ¿por qué no se iba con el resto de la manada?… Lo intentaron una y cien veces, lo intentaron por activa y por pasiva pero viendo que no podían hacer nada emprendieron su viaje con el resto de animales. Tras largo camino andando, como era normal en aquella época, llegaron a tierras jienenses y dieron las novedades al comprador. Todos, desde la experiencia y sabiduría, llegaron a una conclusión: en “La Calderuela” se había quedado la esencia de la ganadería. Aunque iba a ser costoso y largo el camino había que recuperar esa vaca para procrear en la nueva finca. Entonces, el magnate jienense y sus vaqueros tuvieron una brillante idea para poder llevarse con ellos a la vaca. Así, regresaron a tierras extremeñas y echaron a rodar su plan.

Los vaqueros y el mayoral tenían un yugo de tres enganches en el que en los extremos pusieron dos potentes bueyes de 1.000 kilos, o tal vez más, y el del centro estaba reservado para la vaca piñana de Goyoneche que apenas pesaría 400 kilos. Ninguna posibilidad tenía la vaca de escapar pero fue tan grande la brega entre vaqueros y vaca que en el intento el animal se rompió las cuatro patas. Tuvo que ser apuntillada.

Llegado a este punto yo me pregunto ¿qué misterio tendría esa vaca para no querer abandonar la finca donde había sido engendrada? ¿Qué misterio tendría esta vaca para no querer abandonar la finca donde su madre la había parido? Era muy fácil: su casta brava.

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